Y EMANCIPACIÓN NACIONAL Y SOCIAL
DE GÉNERO
1-2).- UBICACIÓN NACIONAL Y CULTURAL:
En la cultura grecolatina por "economía" se entendía la administración de los bienes e intereses de la casa por el padre de familia. Recordemos que, en este sentido, Aristóteles, que era un misógino feroz, puso el título de "Economía" a los tres tomos de una de sus "obras menores", la dedicada precisamente a la vida en la casa. El latín ha recogido esta definición y desde entonces por trabajo doméstico hay que entender el que se realiza en el 'domus', en la casa, en el hogar, que sigue siendo la unidad de medida sobre la que pibota el sistema oficial de contabilidad de la economía capitalista. Y aunque la cultura euskalduna, preindoeuropea, no tenía este mismo criterio sino que, como se está demostrando con los estudios históricos, todo lo relacionado con la casa y la propiedad colectiva e individual se regía por el llamado "derecho vasco" o "derecho pirenaico-occidental", en el que la vida colectiva y la función de la mujer eran muy diferentes, aunque era así, actualmente no podemos dejar de recurrir a la terminología grecolatina, indoeuropea, para comprender qué es la economía dominante. Damos mucha importancia a esta cuestión y nos vamos a detener en ella un poco. Esta diferencia no debe sorprendernos porque situaciones similares se han dado en otras partes del globo, por ejemplo en Africa subsahariana, en donde los rigurosos estudios feministas han demostrado que la entrada de la dominación europea, con su división patriarcal del trabajo, supuso un empeoramiento terrible de las condiciones de vida y trabajo de las mujeres. La degradación fue tan terrible que en 1929 hubo una sublevación de mujeres en la región nigeriana de Abo contra las medidas patriarcales británicas, y los ejemplos abundan y no sólo en Africa.
Si debemos recurrir a la terminología indoeuropea, y en concreto al paradigma de la economía patriarcal grecolatina es porque desplazó y se impuso como dominante a la cultura vasca y a sus prácticas de producción y reproducción, prácticas que son, en definitiva, las que crean y recrean a la larga la evolución cultural. No fue un proceso pacífico y tranquilo sino agresivo, violento y conscientemente exterminador de nuestra cultura, y con ella, en el tema que ahora nos concierne, del papel de la mujer en el proceso productivo y reproductivo que sustentaba esa cultura anterior, y cuyos restos aun no se han extinguido del todo. Quiere decir esto que la situación actual de la mujer vasca no es ni "natural", en el sentido de que viene dada por la especificidad sexual y biológica de la mujer, ni tampoco "normal" en el sentido de que se ha impuesto exclusivamente por métodos pacíficos y tolerantes. Al contrario. De la misma forma en que, adelantándose a su tiempo, ya Engels habló de la "derrota histórica" de la mujer a manos del patriarcado, en Euskal Herria la mujer también ha sufrido sucesivas derrotas históricas, siempre causadas directa o indirectamente por la criminal expansión de una forma socioeconómica que va desde la supresión de la propiedad económica y el correspondiente nacimiento de la propiedad privada, de la mercancía y del dinero, hasta el capitalismo actual. Y esa forma socioeconómica general ha mantenido y mantiene una básica interdependencia con el sistema patriarcal.
Es este proceso de aplastamiento de una forma social y de imposición de otra antagónica el que explica que en Euskal Herria las primeras -hasta donde llegan nuestros conocimientos- investigaciones serias sobre economía se hicieran a partir de mediados del siglo XVIII por hombres de las clases dominantes, en castellano y dentro del paradigma patriarcal, como los textos de V. Foronda, G. Ustariz, N. Arrikibar, F.J. Villarreal y Ezenarro; J.M. Magallón, F.J. Argaiz, Uria Nafarrondo y otros. La fecha es importante porque muestra que aquí también las clases dominantes empezaban a comprender que el desarrollo de la economía capitalistas, aunque no la definiesen así, estaba trastocando todos los criterios hasta entonces existentes sobre usura, préstamos, comercio, aranceles, tributos y recaudaciones, precios y valores, producción campesina y urbana, proteccionismo y librecambio, innovación y apoyo por parte del Estado, y hasta los clásicos métodos de ayuda a pobres y menesterosos. Es cierto que ya desde el siglo XV crecía la preocupación de las clases dominantes en las grandes villas y puertos por estos mismos problemas, pero no con la sistematicidad y nivel de síntesis teórica que se usaba desde el siglo XVIII. Sin embargo, nos interesan dos características constantes en este proceso cuales son, una, la tendencia a invisibilizar a la mujer y separar la "vida económica pública" de la "vida doméstica privada", proceso que se impuso incluso, y sobre todo, contra las costumbres y derechos de las mujeres a realizar sus propios negocios, a mantener su vida económica pública, a trabajar fuera del domicilio, etc.; y otra, la relación directa político-económica e ideológica de esas reflexiones de las clases dominantes con los crecientes problemas de orden social y represivo frente a las luchas de las masas trabajadoras, de los artesanos y gremios empobrecidos, en suma contra las matxinadas y contra la lucha de clases tal cual se materializaba en aquella fase capitalista preindustrial.
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